Sí, no lo sabes

A ti, que hundes tu lengua en mi alma abierta, mientras cierras la tuya a cal y canto.
A ti, que con ligereza juzgas sobre lo que tu misma padeces sin saberlo.
A ti, que la fidelidad te es ajena y culpas a los otros de desamor.
A ti, que encuentras palabras hirientes para definir a otros sin emplearlas en ti.
A ti  que en esa huida constante de tus responsabilidades, criticas a quién cumple consciente con su propia responsabilidad.
De ti he oído palabras descalificatorias que desconocía, y que tan bien te sentarían a ti misma.
Siempre hablas de la limpieza de tu ser, de no desear caer en la amargura. 
Si hubieses vivido con intensidad, y hubieses agotado hasta la más amarga de las gotas, hubieses aprendido que el vivir encierra todo eso y, que lo que de verdad importa, es saber que no hay que dejar que se aposente que es cuando duele.

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