Visita de una desagradecida-Diario

Hay personas que hieren con delicadeza. En  el momento de usar el bisturí cubren su rostro, y el enfermo, no se da cuenta de nada hasta que vuelve en sí del letargo.
Es entonces, y sólo entonces cuando se pregunta: ¿era necesario?, ¿por qué lo hizo?, ¿a qué es debido?.
Tras la máscara de la complicidad late un deseo oculto de arañar la piel de quién sea, sin importarle otra cosa que no sea la propia satisfacción.
¿Cabe que sea mi imaginación?
Con cada encuentro se amplía el horizonte de que un algo oscuro hay en sus palabras y en su intención. Pero no adivino la razón de ese modo de actuar.
Habla de la vida como si estuviese altamente convencida de que las cosas feas están ahí, de que la amistad como viene se va. No escucha la voz de nadie. Y lo más triste: no siente piedad si hiere.

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