Mirada hacia el eter
Es un zigzag tan brillante como efímero oropel.
Vivísima imagen de la fugacidad.
Mientras otros resplandores se enredan entre nubes gaseosas y grisaceas.
Una luz con su sombra inapelable...
Un niño de pelo rizado garabatea no sé sabe qué, sobre un zapato de hombre.
Su espalda se va inclinando hasta fundirse con la masa de nubes.
Un zapato de mujer de alto tacón acomete la aventura de su propio existir. Aislado se destaca.
También se desvanece en su individualidad.
El éter amplío y majestuoso es pura imagen veleidosa de nuestra imaginación.
¡Ay, si lo vieras con mis ojos!
Ese salpicón de nubes, como si una mano invisible las fuese dibujando y borrando caprichosamente
entretienen la mirada dirigida al éter.
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