El infierno pacífico.

 Irrumpen los pensamientos, las ideas y los sentires.
Ahora mismo un cierto desconsuelo, una incertidumbre, sin causa palpable, emerge de las profundidades de la psique.
La mente juega a disfrazarse, ¡Y qué bien lo hace!
¿Puede la calma crear monstruos?
El mudo occidental es idéntico a mi mente? ¿O es mi mente idéntica al mundo occidental?
¿De veras somos tan generosos con los refugiados?
¿No seremos unos redomados  hipócritas en la política y en nuestro corazón?
¿Por qué resulta tan díficil ser veraz con uno mismo? ¡Por miedo! Miedo al descubrir lo más íntimo del pensamiento crudo y feroz que emerge sin razón pausible.
El animal dormido despierta para aterrorizarnos sin piedad.
¡Fuera! ¿Fuera! Gritamos desesperados, pero ya ha despertado el monstruo.
¡Qué indefensión!          

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