Ensoñación

 Un canto a la naturaleza era lo que el mundo necesitaba. El clamor de millones de seres humanos entonando una canción, un himno alabando a la Madre Naturaleza, millones de voces como una sola voz.
En aquél lugar traslúcido de la atmósferaa celeste, no habitaba ningún otro pensamiento, si bien, más que un pensamiento era una necesidad perentoria. Era algo así como si su propia felicidad dependiera de ello. ¿No era ella misma parte integral de la naturaleza?. Ella era como un a´rbol,, como una rana, como cualquier fruto que brotara de la tierra. Sólo que levitaba a enorme altura sin saber la causa que había provocado tal ascención, ni el  potente hilo que la había traasladado allí donde se encontraba.
Estaba sola con aquella insistente idea de un cantar universal. El pálpito de una insólita armonía entre todo ser viviente crecía en su interior con un mantra. Con la certeza de que no había ángels, por tanto, tampoco demonios. Inundada de paz y belleza, el canto significaba la coronación de la Madre Tierra, el fin del dolor y del sufrimiento. Lo estaba viviendo en carne propia. ¿Que le impedía al resto de los seres humanos experimentar tal sensación, si es que no la habían vivido nunca?.
Inspiró profundamente. El gran colchón de blanquísimas nubes la invitaba a dejarse caer. Como en un fugaz destello recordó aquella frase tan infatil como graciosa: ¿a qué huelen las nubes?.
A nada que os podáis imaginar. Huelen a solidez, a  aventura, a dicha sin par. Decía su voz interior.
Tenía cien años o más y estaba entre nubes lene y sutil cual aromática violeta.
De un salto, se vió en un nido de palominos de un plumaje grís, que desesperados píaban de hambre.
Estaba en casa.
Llegaron amigos, y chalando charlando olvidó el resto de aquella vívida ensoñación. Mas, no así la experiencia de haber estado sobre las nubes. Había vivido aquello  con los ojos bien abiertos, y oyendo el incesante chasquear de las olas lamiendo sus pies había salido de l estado levitacional. Y en un aparte, su mente se encaminó ensimismada, ¿hacia dónde?.
Los amigos parloteaban sin imaginar siquiera el origén de su alegría.








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