Hurgando en la memoria
Ella cantaba, y muy bien.
Cantó y cantó aún después de quedarse como un vegetal.
No comía, no se podía mover, pero cantaba.
Cantaba sus canciones preferidas.
Cantaba con esfuerzo, porque una de sus hijas insistía en que lo hiciera.
Y ella cantaba y se reía con su hija.
Cantaba Granada y Amapola.
En la memoria de otra hija quedaron ambas canciones junto con algunas otras conocidas y desconocidas.
Violetas Imperiales, Lisboa Antigua, y alguna que otra estrofa de alguna que otra zarzuela.
Segador, la espiga del mañana, será tu recompensa mejor. O Aquella otra canción que decía: Esprónceda me suele decir madrigales...
Y así muchas canciones siguen vivas en ésta memoria mía que tal vez algún día me de por compartir aquí para que su memoria, la de ella, siga viva.
Cantó y cantó aún después de quedarse como un vegetal.
No comía, no se podía mover, pero cantaba.
Cantaba sus canciones preferidas.
Cantaba con esfuerzo, porque una de sus hijas insistía en que lo hiciera.
Y ella cantaba y se reía con su hija.
Cantaba Granada y Amapola.
En la memoria de otra hija quedaron ambas canciones junto con algunas otras conocidas y desconocidas.
Violetas Imperiales, Lisboa Antigua, y alguna que otra estrofa de alguna que otra zarzuela.
Segador, la espiga del mañana, será tu recompensa mejor. O Aquella otra canción que decía: Esprónceda me suele decir madrigales...
Y así muchas canciones siguen vivas en ésta memoria mía que tal vez algún día me de por compartir aquí para que su memoria, la de ella, siga viva.
Comentarios
Publicar un comentario