De los errores

¿Cómo saber, que con la mejor voluntad, has metido la pata?
La había encontrado a la entrada de los Servicios Sociales y comenzó a hablar. Aunque no sepamos que es una persona ida ni que la define, supe que ella por su forma de narrar estaba muy disgustada. Luego, y a medida que hablaba comprendí que sufría y que se sentía bien hablando. Así pasó mucho rato. 
Como el núcleo del pueblo es pequeño, nos tropezamos varias veces. En su cara aparecía una sonrisa y esa sonrisa provocaba la mía. Surgía la conversación. Era un monólogo, el suyo, pero no importaba. Hasta cierto día que le sugerí buscar ayuda.
¿Por qué lo hice?
Aludí a alguién que podía ayudarla y se desató su furia. La persona a la hice mención la había ingresado. Desde ese encuentro no me habla, ni me dirige una mirada.
Metí sin querer la pata.


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