Amistades
Era una niña cuando nos conocimos.
Luego, como la vida juega, desapareció.
Se mantuvo en mi recuerdo como una obsesión junto a otras obsesiones: amigas, amigos. Romántica empedernida la que escribe... Cambio poco. Son mis luces de unos amores que hablan de que hubo otro tiempo en el que era todo cercano, asible. Hoy corren -nunca mejor dicho- asaz alejados. Más indiferentes. No, no los tiempos. Las personas.
Busqué. La busqué junto a otras obsesiones y la encontré. Gracias a la tecnología. Nada es todo negro. Ni la noche más oscura.
Tras la efusiones, vinieron los silencios. No entendía nada. Seguí la pista. Todo callaba.
Al cabo del tiempo respondió. "Pensé que te estabas inmiscuyendp en...".
Claro. ¿Cómo iba a saber ella? Cuando la conocí era una niña. No podía recordar que no acostumbro a invadir terrenos ajenos. Que prefiero que sea el aludido el que hable de si mismo libremente. Qué sólo me interesaba por cariño y afecto por dar con ella. Además, pasaba por momentos duros.
Era una niña cuando nos conocimos, y la volví a encontrar con cuarenta abriles. Y miles de días de distancias.
Luego, como la vida juega, desapareció.
Se mantuvo en mi recuerdo como una obsesión junto a otras obsesiones: amigas, amigos. Romántica empedernida la que escribe... Cambio poco. Son mis luces de unos amores que hablan de que hubo otro tiempo en el que era todo cercano, asible. Hoy corren -nunca mejor dicho- asaz alejados. Más indiferentes. No, no los tiempos. Las personas.
Busqué. La busqué junto a otras obsesiones y la encontré. Gracias a la tecnología. Nada es todo negro. Ni la noche más oscura.
Tras la efusiones, vinieron los silencios. No entendía nada. Seguí la pista. Todo callaba.
Al cabo del tiempo respondió. "Pensé que te estabas inmiscuyendp en...".
Claro. ¿Cómo iba a saber ella? Cuando la conocí era una niña. No podía recordar que no acostumbro a invadir terrenos ajenos. Que prefiero que sea el aludido el que hable de si mismo libremente. Qué sólo me interesaba por cariño y afecto por dar con ella. Además, pasaba por momentos duros.
Era una niña cuando nos conocimos, y la volví a encontrar con cuarenta abriles. Y miles de días de distancias.
Comentarios
Publicar un comentario