La vida de las cosas

Anoche...
El viejo armario y las mesillas de noche (las gemelas) no paraban de hablar.
Casi todas las noches hablan sobre sus cosas. Como les fue el día, lo contento que estaba con la vida, que disfruta papá Zamparzon, con las imágenes que se asoman a sus espejos, tan coquetas ellas, y del mimo con que sus hijas, las mesitas Zampina y Zampona y él mismo son cuidados.
Pero anoche, anoche sus gemidos interrumpían el sueño una y otra vez, hasta que cansados de oírles les preguntamos: ¿qué ocurre? ¿Por qué gemís de ese modo?
Respondió un silencio total.
Pasado que hubo un rato, se oyó un sorber de mocos y contenidos pucheros. Un leve ¡ tschiss ! cruzó el dormitorio. Luego comenzaron suaves susurros, pero el sueño había volado. Como las alas de un libro al abrirlo.
Me incorporé en el lecho. Él dormía como un lirón.
Fuí hacia Armazon y puse mi mano sobre su costado derecho.


¿Qué te pasa viejo amigo?

Mañana será la onomástica de mamá Zamparzina y la hemos recordado. La echamos mucho de menos.
Comprendo, papá Zamparzon. También yo cuando la recuerdo la echo de menos.
Igual que yo pienso hoy en mamá. Es su onomástica. Aquella tan celebrada...

Volví a la cama. El aire se había impregnado de un leve dulzor de melancolía. Y en esas estábamos cuando Orfeo hizo su  apreciada aparición.

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