Temprano
Desayunaba en la atalayita pan con aceite y café bajo un sol cálido de un Marzo con olor de primavera, cuando un viento suave de poniente trajo a mis oídos un revuelo de campanas.
Detuve todo movimieto capaz de obstruir aquél sonido casi olvidado y que me hizo sentir una enorme privilegiada. Oía campanas.
Sonreí entre sopa y sopa del delicioso y crujiente y a la par tierno
pan. Sorbí de a poquito el negro café.
Y me di. Me di al encanto del momento.
Una cortadora de algo, se mezcló con el canto de algún mirlo, el zureo de las palomas y el ladrido de un can.
Pensé, Carpe Diem. Y puse música.
Corta belleza. Muy corta. Pero belleza al fin.
Detuve todo movimieto capaz de obstruir aquél sonido casi olvidado y que me hizo sentir una enorme privilegiada. Oía campanas.
Sonreí entre sopa y sopa del delicioso y crujiente y a la par tierno
pan. Sorbí de a poquito el negro café.
Y me di. Me di al encanto del momento.
Una cortadora de algo, se mezcló con el canto de algún mirlo, el zureo de las palomas y el ladrido de un can.
Pensé, Carpe Diem. Y puse música.
Corta belleza. Muy corta. Pero belleza al fin.
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