Entre sueños y vigilia
El insólito cambio de la otra Marylin
El prolongado ladrido del viento se oyó durante todo el día. Por la noche se recrudeció impidiéndole conciliar el sueño. Tampoco ayudaba el texto del autor de La mujer del teniente francés, ni la noticia de la muerte de la grande Almudena Grandes. Y si además añadimos la visita de su amiga Almudena (extraña combinación de nombres y aconteceres) y para más inri su comportamiento tiránico cual niña mimamente las nueve de la mañana. Sintió un vacío en la boca del estómago. ada, quizás, y sin quizás, todo contribuía a aquel estado desasosegado en que se hallaba.
La muerte de Almudena Grandes ya la había impactado suficiente, y aún lo hacía esa noche de vigiliara. Trató de olvidarse por algún tiempo de su amiga y ya avanzado el día tomó el mando a distancia que descansaba sobre la de la mesilla y apretó el botón de encendido. Según el programa que se emitía cada domingo debían ser aproximadamente las nueve.
Sintió un gran vacío en la boca del estómago. > No quiero pensar en nada>. Pero era en vano. La radio también hablaba de asuntos desoladores, en especial para aquellos seres que los padecían. La culpabilidad se apoderó de ella. Ella formaba parte de aquella sociedad impavida ante las desgracias de los otros. Quiso liberarse de tales pensares objetando que no era así, que ella ayudaba a los que tenía cerca, a los que veía en la calle mendigando, que los respetaba y hasta aceptaba que ella era una parte de ellos mostrándoles cercanía.
Quisó dormir y consiguió entrar en un duermevela.
De nuevo acudió una canción de su madre a sus labios.
Tres hojitas, madre tiene el arbolé,
la una en la rama, las dos en el pie....
Despertó reconfortadapensando en la llamada de Elena en la que confirmaría que pasarían un rato juntas. No muy largo, pero un rato, como siempre feliz.
Saltó de la cama con renovado espirítu. Hoy festejaría sus cincuenta cumpleaños de veras.
La carta que escribiría a Almudena podía esperar. Primero tenía que olvidarse un poco de su visita y su insólito cambio de actitud, de su comportamiento...¿Porque no decirlo?, Ruin frente a los refugiados, a los alemanes del este y su senofobia.
Se preguntaba: Qué había sido de la Almudena que conoció.
Se duchó y preparó para recibir la visita amena de Elena.
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