Biografía de una mujer anodina
Nació en una casa bien allá por mil novecientos veintidós o veintitrés y se enamoró de un solo hombre una sola vez en su vida.
Sin ser hermosa, su atractivo era evidente. Sus ojos pequeños pero radiantes de vida y algo rasgados le daban un aire de misterio oriental. Cuando te miraban no sabías si eran pícaros o terriblemente inocentes.
Era la segunda de nueve hermanos vivos.
Podríamos extendernos en su descripción, y sin embargo lo que destacaríamos de ella era su decisión inquebrantable de ser útil. En una palabra: no quiso estudiar más allá de las nociones básicas. Su anhelo era trabajar en una de las tiendas que sus padres poseían. Lo que llevo a cabo con gran entrega. La clientela la tenía en alta estima.
Otro rasgo a destacar en ella, era su sentido de la independencia. Se podría considerar como una mujer libre. Y no precisamente por cuestiones políticas. Era libre en sí, y por sí misma. Pero como se verá, iba más allá de la independencia. Matizando la definiríamos como alguien indomable. Tan lejos de lo que se pensaba de ella; pues bien conocida era en su ciudad. Aunque había que conocerla muy íntimamente para comprender hasta que punto llegaba a serlo. (Al menos no lo exteriorizaba salvo entre los más íntimos). Pero en una ocasión, , media ciudad comprobó de lo que era capaz Isabelita por su independencia. Pero no adelantemos acontecimientos.
Cuando se enamoró del hermano de una amiga suya, lo hizo con una pasión desbordante, con un amor incondicional. La fue fiel el resto de su vida. Los rumores de que era un vividor, incluso un ladrón no hicieron mella en su devoción por él.
Pasó el tiempo y él huyó a Francia. Desde allí le enviaba costosos regalos.
No volvió hasta años después. Los chasquidos de sus besos se escuchaban por toda la ciudad, sin embargo, la felicidad de Isabelita duró lo que dura una tormenta de verano. Volvió a su soledad, mas su ánimo, no decaía frente a sus amigos y amigas, ni ante la clientela.
Hasta que un día, desapareció.
Naturalmente corrieron los rumores. Se ha ido con él - decía mengano. No puede ser de otro modo - añadía zutano y así se supo en poco tiempo de la fuga de Isabelita.
Pero Isabelita no se había reunido con él, pues estaba en una cárcel de Francia. Un desencuentro con su padre la arrancó de su ya recobrada resignación con respecto a su gran amor, pero no estaba dispuesta a sufrir vejación alguna por parte de nadie más.
Se supo al poco tiempo que se había puesto a servir en Madrid. Y por extrañas circunstancias de la vida y alabada por su señora en el círculo de sus amistades, corrió la noticia de su exquisito comportamiento y de lo sorprendente que era aquella mujer. Pronto llegó a oídos de otra hermana de Héctor, que así se llamaba el amante de Isabelita, la cual poniéndose en contacto seguidamente con la casa donde trabajaba nuestra heroína, requirió de inmediato su despido.
Naturalmente que Doña Begoña no la retuvo ni un día más. Incluso se hicieron amigas. Isabelita era muy sociable y simpática.
Hablaron las amigas una vez que Isabelita fue acogida en casa de Lola. Naturalmente se conocían, pero, Lola se casó y se fue a vivir
a Madrid.
Al cabo de un mes, y viendo Isabelita que no le permitían trabajar, decidió hacer las pases con su padre y regresó a su ciudad.
Envejeció Isabelita. Y decidió ingresar, no en una residencia sino en un asilo. Era feliz allí y hacía feliz a los demás.
Murió como había vivido: libre.
Moraleja. Siempre hubo mujeres y hombres capaces de luchar contra lo establecido sin perder su dignidad.
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