Norberto o la ternura escondida.
Es bien sabido que la belleza es un concepto que muta con el tiempo. Como sabido es que todas las reglas contienen sus excepciones. Ora bien, sabido esto comencemos con la historia.
Norberto tenía dos hijos. El mayor era un reconocido músico, el menor se le torció por el camino y se metió en la droga.
Cuando le conocí ya andaba jubilado aunque poseía una fuerza vital digna de elogio. A pesar de la diferencia de edad, nos hicimos buenos amigos. Más que amigos confidentes. Y ahondando un poco más, diría que el confidente era él y yo quién escuchaba sus liberaciones. Pues no me cabía duda de que eran eso: liberaciones.
Me contó, entre muchas peripecias en su larga vida, que había nacido tras la segunda guerra mundial. De lo que se sentía orgulloso. Pacifista acérrimo, se le llenaba la boca cuando decía, yo nací en la paz.
En días menos alegres, se dolía de que en su casa de nada servía su opinión lo que que lo había llevado a un estado de fingida indiferencia. Pero si le conocías bien, sabías que su alma sufría aunque aceptaba las consecuencias.
Su esposa no era capaz de ponerle limites al hijo y él acarreó con las consecuencias. Perdió todas sus posesiones y si bien su renta no era pequeña, tampoco se podían costear grandes cosas. Eso sí, la metadona para su hijo, cuando éste les visitaba había que adquirirla. De lo que se encargaba su mujer. Sea como fuere. Aún saltándose las reglas. Él me hablaba de todo aquello con un deje de mordacidad y cinismo que yo sabía que no eran tales. Escuchaba, y a veces, las más, me limitaba a asentir. ¿Qué otra cosa podía hacer?
Con la excusa de no sé que clases siempre que venía a casa traía panes y mermeladas hechas por él. Su esposa no se ocupaba de la cocina. Ella prefería asistir a eventos musicales. Tocaba el piano sin demasiada maestría, pero lo suficientemente bien como para interpretar a Bach.
Eran tan distintos...Y sin embargo habían compartido una larga vida juntos.
Un día cualquiera, su hijo el benjamín, de nombre Oswald, se fue en arrebatado por uno de sus sueños artificiales.
Norberto le siguió, apenas dos semanas después.
Por regla general, son las hijas el ojo derecho de los padres, claro que Norbert no tuvo hijas.
Y sobre la belleza, qué duda cabe que Norbert era bello.
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