Bárbaros somos todos.

 Hace unos meses, en concreto desde finales de mayo hasta el 25 de septiembre, se convirtió en realidad aquello que muchos tememos. El hecho de depender totalmente de otras personas porque el cuerpo deja de responder totalmente. O como bien decir, te conviertes en un vegetal. No es grato. Y mucho menos si tu actividad mental sigue casi intacta, o al menos eso piensas y lo que más te gustaría es marcharte con dignidad al seno de la tierra, convertida previamente en ceniza. 
¡Oh sí!
Ya estamos muy cerca de solucionar una muerte digna. Pero ¿qué hacemos con una vida indigna? Y¿ qué significa una vida indigna?

Mejor no hacer encuesta alguna. No sabríamos escoger ante la multitud de respuestas. 
Lo peor, para muchos es tener las ideas claras y elegir tu opción ( si te dejan ). Porque ante la evidente
experiencia, nada hay claro respecto a vida y muerte dignas. Con la salvedad de tu decisión.
Vivir parece lo más natural. Claro que morir depende sólo de estar vivo. No hay vuelta de hoja.
Entonces, a qué viene la actitud de terror que suele causar la muerte. Por supuesto que se confunde el dejar de existir, (la muerte en sí misma) con el cómo.
Pues en esa estábamos cuando pensé que pues necesitaba leer viendo lo visto, no debía ser nada profundo sino algo liviano. Así que pedí libros.
Sorprendente respuesta la de algunas personas que respondieron a mi solicitud, sin conocerme en absoluto. Y es que las mesillas se llenaron de historias detectivescas y de  crímenes. Salvo unos pocos de una buena conocida que trajo un par de libros sobre judíos. Ni tanto ni tan poco. Otra  amiga me trajo tres libros. Entre ellos uno de Saramago (maravilloso como siempre) y el que leo en la actualidad y en el que iba adentrándome despacio. Era un ensayo y pensaba que mi mente aún no estaba preparada para temas tan candentes como es la actualidad social y política de Occidente. Pero hete aquí que anoche, me dije, que a pesar de no ser algo para leer en la cama, me sorprendió el hecho de gozarlo con toda la fuerza de que dispongo y que recomiendo encarecidamente. ( Por cierto que 
que la palabra que había olvidado era xenofilia,  y que describí con anterioridad por (machílismo). Se titula "El miedo a los bárbaros y su autor es Tzvetan Todorov de nacionalidad búlgara.
Me quedé hasta pasadas las cuatro y media de la madrugada. Ahora estoy deseando terminarlo y comenzar con "La tiranía sin tiranos" de DavidTrueba. Me da en la nariz que va a gustarme. Incluso intuyo de que puede ir.  Claro que puedo verificarlo en éste medio de internet, lo que voy a hacer de inmediato. 
Y no, no iba de lo que pensaba. Me sedujo el título, pero creo que no me defraudará tratándose del individualismo reinante.
Acerté de nuevo. ¡Qué bueno!

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