Las migas del Tranco

 Si esto fuera un cuento, habría que empezar diciendo así: Erase una vez... Pero no, no es un cuento. Es algo tan vívido que no podré olvidar nunca jamás. De hecho, hoy lo he vuelto a rememorar con mi más íntima amiga en un almuerzo improvisado. Y es que las migas del Tranco merecen pasar a la historia de las cosas gratas. Parece que aquella canción de una doña,  nunca entendí porqué era doña una folclórica- y el resto no,   cosas, supongo,  del régimen... pues que,  como a mí las migas del Tranco... Cosa qué, jamás olvidas, siendo o no navidad o noche buena, y sin estar en Nueva York, sino,  en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no puedo olvidarme...
Es el caso que hemos comido migas. Y se me vino a la memoria aquellas del Tranco. Migas con hígado de ciervo y "!jartá"- de imaginación e improvisación. Señor Tranco, usted y sus migas sí que son de cuento. Y además i n o l v i d a b l e.
Fíjese cuántos años han pasado y siguen estando enredadas en mi coco. ¡Qué maravilla!
Y, punto y aparte. 
Después nos fuimos frente al mar. Y no, no soñamos, como en la canción, sino que oímos música y cantamos.
Mi amiga está aprendiendo en un coro. Y cómo se nota.
Yo, sigo cantando a lo bestia. Cada cual canta como lo que es.
Sugerí, "La bajada a los infiernos" y ella el coro " A  boca cerrada de Madame Butterfly"
Todo era magia., magia requete magia.
El tiempo, como en los cuentos, voló enredándose en las nubes que nos trajeron milagrosa lluvia. Viva la lluvia frente al mar con una amiga del alma que te evoca a otra. Porque, la amistad es lo más de la vida. Por encima incluso del amor.
Unas horas tras votar y cumplir con aquello que tanto nos costó lograr hoy, una juventud regalada desconoce el precio que costó, y se jacta en manifestar que lo mejor es: no ir a votar.
Pero tras la misión cumplida, deber ético, una buena charla entre los fogones de una abuela pequeña y resoluta, no cabía mejor colofón.
Mirando al mar cantamos...

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