Lluvia
Abrí los ojos, y cuando vi la grisura del día los volví a cerrar. Entré en ese delicioso sopor que presagian dulzuras. Cuando regresé al mundo de los vivos seguía el cielo nublado, como anunciando agua. Encendí la radio y por la emisión deduje que debían ser más de las diez. Hice café, calenté el pan y desayuné. Miré el reloj del móvil. Las once y cuarenta y tres minutos. Caramba, me dije, el programa está casi terminando. Así era, "Mundo Babel" agonizaba.
Durante el desayuno en la terraza, escribí algo en mi diario. Algo que, como pertenece a mi entorno, hablaba del mar. El agua siempre anda meciéndose en mi mente. Pero es al contrario, soy yo quién se deja mecer por ella.
Niña de río y presa natural, de pequeñas fuentes, de cascadas de los infiernos. (Sonrío hacia dentro) evocando días de cuando era chica.
Labios exangües del agua de la presa. No tengo frío, papá. Mamá, déjame un ratito más. Los tiritones que mi cuerpo delgaducho daba, y el cascabeleo que mis dientes hacían, me hacían parecer una hoja de aluminio agitada por una mano nerviosa.
¡Ay! Las voces del agua.
Y hablando de Roma, desde el cielo asoma. En la terraza se ven algunos caños. Suenan sobre las losetas y al salpicar se forman pequeñas fuentecillas con forma de estrellas.

No, no es así como las dibuja mi mente, como las ven mis ojos, pero son casi tan hermosas como estas.
el cielo ha abierto las compuertas de su embalse, y los campos entonan el aleluyah.
Durante el desayuno en la terraza, escribí algo en mi diario. Algo que, como pertenece a mi entorno, hablaba del mar. El agua siempre anda meciéndose en mi mente. Pero es al contrario, soy yo quién se deja mecer por ella.
Niña de río y presa natural, de pequeñas fuentes, de cascadas de los infiernos. (Sonrío hacia dentro) evocando días de cuando era chica.
Labios exangües del agua de la presa. No tengo frío, papá. Mamá, déjame un ratito más. Los tiritones que mi cuerpo delgaducho daba, y el cascabeleo que mis dientes hacían, me hacían parecer una hoja de aluminio agitada por una mano nerviosa.
¡Ay! Las voces del agua.
Y hablando de Roma, desde el cielo asoma. En la terraza se ven algunos caños. Suenan sobre las losetas y al salpicar se forman pequeñas fuentecillas con forma de estrellas.
No, no es así como las dibuja mi mente, como las ven mis ojos, pero son casi tan hermosas como estas.
el cielo ha abierto las compuertas de su embalse, y los campos entonan el aleluyah.
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