Amigo, Diario

El viento, como un látigo, desataba sobre el amanecer su malhumorado ánimo, mientras señalaba sin piedad la espalda de la mañana que, ensangrentada y negra gritaba de dolor. Lo que no impedía el azote impío.
Así el hombre azota a otro hombre sin dar muestras de cansancio durante siglos.

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