Queridos novios

Qué indeseable destino cansa mis ojos,
torna pesados mis párpados
con leyes de inoportuno sueño.

Qué oponente el azar que veta cruel
mis afanes d lecturas.

Qué malvados hados
se mofan de aquellos largos diálogos
en santa intimidad,
cobijados en la penumbra
de largas madrugadas.

¡Ay! aquellas interminables y dulces despedidas...

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