Una mañana cualquiera


La casa estaba oscura bajo un cielo gris ceniza. Sonaba una música también entristecida. Voló la cabeza hacia luces y arco irises. Los rojos de aquel árbol iluminaron su ser. 
Pensó en la amiga enigmática y callada que había preferido abrirse a quién, según sus palabras no le importaba.
¡Ay!
Si la condición humana avanzase como la ciencia, como la tecnología...
Peo estamos amarrados a una naturaleza veleidosa y salvaje, a un ADN indómito más poderoso que  nuestra mente, nuestras costumbres y nuestro propio ser.

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