Carta a un hermano
Querido Alfonso:
He pensado, que sería bueno amarrarte a una silla y ponerte una mordaza. Una vez bien atado y amordazado, y con una dosis más que respetable de auto control sugerirte lo que sigue:
Alfonso, hermano Alfonso, mira dentro de tí. Hurga hasta el último rincón de la última célula de tu ser. Apaga todas las luces. Que no quede ni el más leve resquicio de claridad fuera. Piensa que estás solo. Solo en el mundo. Te tienes sólo a tí. Nadie existe además de tí. Nadie a quién pedir ayuda, nadie. Nadie a quién amar, odiar, sentir asco hacia él o ella. Nadie a quién agredir. Nadie a quién agradecer. Nadie a quién sonreír. Nadie a quién dirigirte para bien o para mal. NADIE.
¿Qué sería de tí?
Quizá, lo más lógico que pensaras fuera...¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Dónde estoy?
Mas, en realidad, eres materia. Materia inconsciente de su propia cualidad de materia.
¿Te lo imaginas?
No, supongo que no.
Somos si tenemos con quién ser. A todos los seres humanos nos ligan otros seres humanos, a las circunstancias de cada uno, a las emociones y a los sentimientos. Para a su vez, estar ligados a todo eso que pensamos que somos.
No hay método posible que nos libere de eso. Sólo podemos limar, con el esfuerzo de siglos, lo que somos y de lo que nos conformamos. Entre otras cosas de IDEAS.
¿Qué te da en pensar en todo éste rollo de tu hermana la mayor?
¡Qué bien! Como estás solo no me puedes rechistar.
El papel en el que te escribo es como tú: materia. Las letras si son ideas escritas. Pero la oscuridad no te deja leerlas.
Quieres vivir: y para vivir necesitas luz.
La luz es importante para distinguir la materia. Y para poder compararla con otras materias se necesitan más materias vivas.
¡Qué gran misterio somos para nosotros mismos!
Y dado que queremos vivir tenemos que trabajar con nuestras ideas y con los otros que son de la misma materia. Porque las ideas son las más capaces para darnos luz para crear, descubrir cualquier cosa. También al otro, a los otros.
Bienvenido sea el entendimiento.
¿Cómo será tu entendimiento en la oscuridad?
Al mío le miento hasta en la luz. ¿O será él el que me miente a mí.? Sea como sea, a veces hago la vista gorda y le dejo estar, aunque al cabo del rato sé que soy yo la que le miente a él.
Su luz, demasiado fuerte, me ciega.
Eres listo y sabrás de que te hablo.
Sabes que puedes desatarte de la silla, quitarte la mordaza y encender la luz. También puedes despotricar de mí, odiarme y hacer que no me ves. Pero eso es muy doloroso para cualquiera. (Creo yo)
Anteayer alguien me dijo: todo es interés: la amistad, el amor, todo es interés. Algo se rompió dentro de mí hacia ese ser. Y hasta llegué a pensar un momento en esa posible razón. Y me agarré a la ilusión de amar, a la razón de mi amistad con las personas, a la razón de las cosas hermosas que me hacen vivir.
Así que por favor, Alfonso. Aparca la rabia, el rencor y el odio. No te revuelques en el dolor. Pon tu orgullo frente a frente y exhórtalo a irse. Es lo que menos necesitas.
Sin él serás más libre, te harás mejores ideas de los que rodean y serás más luz.
"Tú que puedes, vuélvete,
me dijo el río llorando..."
No te despido con un te quiero, no me miento tanto a mí misma. Me despido con la satisfacción del deber cumplido. A cambio, sólo te pido respeto como persona.
Si fuera una desconocida dirías ¡menudo latazo de tía. Y yo te respondería con una sonora carcajada y un ¡O de te, hermano!
He pensado, que sería bueno amarrarte a una silla y ponerte una mordaza. Una vez bien atado y amordazado, y con una dosis más que respetable de auto control sugerirte lo que sigue:
Alfonso, hermano Alfonso, mira dentro de tí. Hurga hasta el último rincón de la última célula de tu ser. Apaga todas las luces. Que no quede ni el más leve resquicio de claridad fuera. Piensa que estás solo. Solo en el mundo. Te tienes sólo a tí. Nadie existe además de tí. Nadie a quién pedir ayuda, nadie. Nadie a quién amar, odiar, sentir asco hacia él o ella. Nadie a quién agredir. Nadie a quién agradecer. Nadie a quién sonreír. Nadie a quién dirigirte para bien o para mal. NADIE.
¿Qué sería de tí?
Quizá, lo más lógico que pensaras fuera...¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Dónde estoy?
Mas, en realidad, eres materia. Materia inconsciente de su propia cualidad de materia.
¿Te lo imaginas?
No, supongo que no.
Somos si tenemos con quién ser. A todos los seres humanos nos ligan otros seres humanos, a las circunstancias de cada uno, a las emociones y a los sentimientos. Para a su vez, estar ligados a todo eso que pensamos que somos.
No hay método posible que nos libere de eso. Sólo podemos limar, con el esfuerzo de siglos, lo que somos y de lo que nos conformamos. Entre otras cosas de IDEAS.
¿Qué te da en pensar en todo éste rollo de tu hermana la mayor?
¡Qué bien! Como estás solo no me puedes rechistar.
El papel en el que te escribo es como tú: materia. Las letras si son ideas escritas. Pero la oscuridad no te deja leerlas.
Quieres vivir: y para vivir necesitas luz.
La luz es importante para distinguir la materia. Y para poder compararla con otras materias se necesitan más materias vivas.
¡Qué gran misterio somos para nosotros mismos!
Y dado que queremos vivir tenemos que trabajar con nuestras ideas y con los otros que son de la misma materia. Porque las ideas son las más capaces para darnos luz para crear, descubrir cualquier cosa. También al otro, a los otros.
Bienvenido sea el entendimiento.
¿Cómo será tu entendimiento en la oscuridad?
Al mío le miento hasta en la luz. ¿O será él el que me miente a mí.? Sea como sea, a veces hago la vista gorda y le dejo estar, aunque al cabo del rato sé que soy yo la que le miente a él.
Su luz, demasiado fuerte, me ciega.
Eres listo y sabrás de que te hablo.
Sabes que puedes desatarte de la silla, quitarte la mordaza y encender la luz. También puedes despotricar de mí, odiarme y hacer que no me ves. Pero eso es muy doloroso para cualquiera. (Creo yo)
Anteayer alguien me dijo: todo es interés: la amistad, el amor, todo es interés. Algo se rompió dentro de mí hacia ese ser. Y hasta llegué a pensar un momento en esa posible razón. Y me agarré a la ilusión de amar, a la razón de mi amistad con las personas, a la razón de las cosas hermosas que me hacen vivir.
Así que por favor, Alfonso. Aparca la rabia, el rencor y el odio. No te revuelques en el dolor. Pon tu orgullo frente a frente y exhórtalo a irse. Es lo que menos necesitas.
Sin él serás más libre, te harás mejores ideas de los que rodean y serás más luz.
"Tú que puedes, vuélvete,
me dijo el río llorando..."
No te despido con un te quiero, no me miento tanto a mí misma. Me despido con la satisfacción del deber cumplido. A cambio, sólo te pido respeto como persona.
Si fuera una desconocida dirías ¡menudo latazo de tía. Y yo te respondería con una sonora carcajada y un ¡O de te, hermano!
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