Amores tóxicos
Cada vez que lo miraba me preguntaba qué había podido ver en él mi amiga del alma.
Era feo, de una delgadez enteca. Una imagen modernizada de algún personaje de El Greco. pero sin aura alguna de misticismo. La cabellera ondulada y espesa parecía afear aún más aquel rostro donde sólo el bigote emulaba tener vida.
A medida que le iba tratando se iba acentuando mi antipatía por él.
Un día en casa de los padres de Ana, pues ese es el nombre de mi amiga, se dirigía el padre de ella a él. Adolfo el adonis, no apartó los ojos del periódico ni se dignó contestar.
Me hervía la sangre. Le mandé una mirada de ilimitado desprecio que, aunque la había visto la ignoró. Es más, creo que esbozó una mefistofélica sonrisa lo que indicaba que la antipatía era mutua.
Acudí con mi esposo a la invitación de Ana a su casa, por no desairarla. ¿ No es Ana tu mejor amiga?-dijo Roberto. Pues sí. -Respondí,
-Entonces hazlo por ella.
Y allá que fuímos.
Tras los saludos de rigor, Ana se excusó para ir a la cocina.
¿Te ayudo? -Pregunté.
No es necesario- Contestó Adolfo.
Quise acompañarla, pero ella me detuvo.
Tú sigue con tu copa, que ya mismo vengo.- Dijo Ana con una sonrisa.
Trajo algunos entrantes.
Cuando llegó la sopa, Adolfo interpeló a Ana de mala manera.
Llévate mi plato. La sopa está fría.
Me levanté de un salto y me dirigí a la cocina.
Ana estaba deshecha en lágrimas.
¿Cómo le permites que te hable de ese modo?-Pregunté ya cerca de la histeria.
Nunca en mi vida había visto a Ana tan sumisa al responderme. -No es nada, él me quiere mucho.
Cuando se divorció Ana, estuve a punto de celebrarlo a base de Moet Chandó. El champán que tanto le gusta. Pero estaba de vacaciones y no pude festejarlo con ella.
Los caminos del amor no los entiende sino el desamor.
Era feo, de una delgadez enteca. Una imagen modernizada de algún personaje de El Greco. pero sin aura alguna de misticismo. La cabellera ondulada y espesa parecía afear aún más aquel rostro donde sólo el bigote emulaba tener vida.
A medida que le iba tratando se iba acentuando mi antipatía por él.
Un día en casa de los padres de Ana, pues ese es el nombre de mi amiga, se dirigía el padre de ella a él. Adolfo el adonis, no apartó los ojos del periódico ni se dignó contestar.
Me hervía la sangre. Le mandé una mirada de ilimitado desprecio que, aunque la había visto la ignoró. Es más, creo que esbozó una mefistofélica sonrisa lo que indicaba que la antipatía era mutua.
Acudí con mi esposo a la invitación de Ana a su casa, por no desairarla. ¿ No es Ana tu mejor amiga?-dijo Roberto. Pues sí. -Respondí,
-Entonces hazlo por ella.
Y allá que fuímos.
Tras los saludos de rigor, Ana se excusó para ir a la cocina.
¿Te ayudo? -Pregunté.
No es necesario- Contestó Adolfo.
Quise acompañarla, pero ella me detuvo.
Tú sigue con tu copa, que ya mismo vengo.- Dijo Ana con una sonrisa.
Trajo algunos entrantes.
Cuando llegó la sopa, Adolfo interpeló a Ana de mala manera.
Llévate mi plato. La sopa está fría.
Me levanté de un salto y me dirigí a la cocina.
Ana estaba deshecha en lágrimas.
¿Cómo le permites que te hable de ese modo?-Pregunté ya cerca de la histeria.
Nunca en mi vida había visto a Ana tan sumisa al responderme. -No es nada, él me quiere mucho.
Cuando se divorció Ana, estuve a punto de celebrarlo a base de Moet Chandó. El champán que tanto le gusta. Pero estaba de vacaciones y no pude festejarlo con ella.
Los caminos del amor no los entiende sino el desamor.
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