El color de los días
Todos los días sale el sol, pero no todos los días lo vemos desde la madre Tierra.
Hay días de restallante azul. Se extravía la mirada en su contemplación. Parece que ese azul no termina nunca de subir y subir. Da la sensación de no tener fin.
Los más raros son los días rojos. Rojos y entrecruzados de venas, cual tela de araña. Causan inquietud. Tan grande es su belleza, tan extraordinaria. No se cansan los ojos. Miran hasta la lágrima.
Hay días grises. De un gris oscuro que entenebrecen el ánimo. Generan tristeza, desgana, abulia. De
caerse el alma a los pies.
Están los días de un gris luminoso. El espíritu está dulcemente quieto, contemplativo, sereno.
Y están los temibles días blancos.
La mente se paraliza. Solo ve ese color blanco turbio, como deslavado, sin vida.
¡Me horrorizan los días blancos!
Hasta yo me siento cadáver!
Hay días de restallante azul. Se extravía la mirada en su contemplación. Parece que ese azul no termina nunca de subir y subir. Da la sensación de no tener fin.
Los más raros son los días rojos. Rojos y entrecruzados de venas, cual tela de araña. Causan inquietud. Tan grande es su belleza, tan extraordinaria. No se cansan los ojos. Miran hasta la lágrima.
Hay días grises. De un gris oscuro que entenebrecen el ánimo. Generan tristeza, desgana, abulia. De
caerse el alma a los pies.
Están los días de un gris luminoso. El espíritu está dulcemente quieto, contemplativo, sereno.
Y están los temibles días blancos.
La mente se paraliza. Solo ve ese color blanco turbio, como deslavado, sin vida.
¡Me horrorizan los días blancos!
Hasta yo me siento cadáver!
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