De los naceres

Hablando con una hermana, comentábamos los diversos nacimientos de los sobrinos.
Concluimos que no todos los niños son lindos al nacer.
Ahí comenzaron las anécdotas.
Mamá decía, que se había reído a mandíbula batiente de un recién nacido que era muy feo, y que por eso, nuestro hermano el mayor había nacido horroroso.
Del primero de sus hijos, dijo Teresa, le puse cara papa. El pobre con los forceps vino al mundo con esa cara deforme. Menos mal que luego llamaba la atención de bonico.
Pues cuando nació el primero de José, comenté: pensaba yo compugida E.T.E., es E.T. E. mientras que en voz alta como un papagayo repetía, los niños cambian, los niños cambian. En esto el padre de la criatura dice: Mi casa, teléfono. Madre mía, pensé, mi hermano me ha leído el pensamiento.
Pues, cuando nació la de Ricardo ( el mayor de nosotros)era fea, renegría, jajajajajaja,, horrorosa, la pobre.
Pues anda que,  nos atropellábamos entre risas y carcajadas, que el del quinto... Tenía una cabeza que no podía pasar por las puertas.
Y así fue creciendo la lista. La verdad es que guapos guapos, llegamos a la conclusión que había sido dos.
Pues yo reconozco que en los últimos años veo a los sobrinos nietos mú bonicos.
A lo que sin piedad responde mi hermana: lo tuyo no tiene arreglo cuando te pones sensible.
Y atronando las risas, nos despedimos felices de haber recordado esas, y muchas e interminables historietas familiares.
Qué alegría produce el buen entenderse.


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