Corto y claro

 Teresa de Ávila llamó a la imaginación la loca de la casa. Es la denominación más certera y graciosa con que se ha definido a la mente. Y mira que tiene nombres, fantasía, creatividad, ingenio. También es el título de una novela de Rosa Montero. Y ya pues, puestos a imaginar, que sé yo cuántos cuentos, cuántas historias, cuantos viajes he hecho con ella.
Por ejemplo España. ¡Uf! España da para mucho viaje, pero ninguno es lo suficientemente profundo como para conocerla. Lo que me trae a la memoria otro título de otro libro: El laberinto español.
Imaginemos un diccionario imaginativo. Valga la redundancia.
Estado: Fuente central de donde mana en tiempo actual el confinamiento.
Autonomías: Fuentes adyacentes de donde mana el desacuerdo con la fuente central.
Estado: Fuente central de donde mana la abolución del confinamiento.
Autoomias: Fuentes adyacentes de donde mana el desacuerdo de la misma.
Economía: Fuente de ingresos que cuando todos estemos enfermos no manará de modo alguno.
Pero hay conformidad por parte de la fuente central y de las adyacentes.
Monarquía: Dereechos reservados y exclusivos para hacer la Real gana. Incluyendo delitos reales, de veras.
Negacionistas: Gente, por lo general en minoría, libres de vacuna. Entre ellos se incluyen biólogos, médicos, y gente corriente, que en el caso que nos afecta, es de todo menos corriente.
Pro vacunas: (Y esto no es imaginación, que más quisiera yo). Colas interminables de vacunados con signos de sumisión y mantenidos a raya en los Centros de Salud por guardias de seguridad. Las colas sin uniformar, pero igual de sumisos y obedientes a las órdenes del general en fuenciones.
Y hasta aquí, e comienzo del año 2022. Cuando se me apetezca, escribiré sobre la parte más grata de la imaginación.


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