Schisssst

 En la casa reinaba un silencio sepulcral, solo interrumpído por el sonido de los árboles al mover las ramas en el soplar de la brisa.
 Amelia, con su melena oscura a lo garçon, apenas se atrevía a respirar. Deseaba aquél silencio. Ahondaba en él sumergiéndose en sí. No pensaba, sólo atendía a aquél silencio como si formara parte expectante de él.
Transcurrían los minutos intercalados por un suave y cálido airecillo. También formaba parte de ella. No se atrevía a hacer ningún movimiento. Cualquier gesto hubiera roto el hechizo. 
Tan intenso era el silencio que parecía zumbar.
 Momentos como aquellos no se gozaban todos los días.
Se dejaba envolver sumisa y callada. Entregada. Era como estar en una nube esponjosa y blanda. Alzó la mirada y la felicidad inundó todo su ser. La nube se había materializado sobre su cabeza, y en uno de los casi desdibujados extremos lucía un diminuto arcoiris. Boquiabierta pensó sin intercalar por ello ni el más leve sonido, gracias por este insospechado regalo.
Y ya son dos.

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