La insistencia

En la postura insistente que adopta Luisa, no cabe la posibilidad de intervención.
Lo inquietante es que ella no permite a los demás adoptar una actitud- no ya semejante- sino que además es implanteable ninguna otra opinión salvo la que ella mantiene. El resto debe callar mientras ella habla. Y esto puede ser interminable. No cabe el inciso, no cabe nada más que su propia intervención. Por tanto el diálogo con ella es nulo.

Podemos discutir, tener, manifestar opiniones distintas, pero nunca podemos abrir una opción diferente a quién es incapaz de mirar con los ojos del otro o, al menos, plantearse la posibilidad de que ese otro es tan digno de respeto como uno mismo aún pensando de modo distinto.
A mi pesar, adoptó por posturas indeseables: todos estábamos errados salvo ella que se vanagloriaba, para más inri, de su pose y opinión.
No, no es un dolo, ni un "lo que me pasa a mi".
No. Es algo que vivo en el ambiente en el que ella toma parte. determinándose sin desviarse y que aunque insistan otros o yo misma de formas diversas intentar desviarlo, resulta persistente razonando en contra. No es posible nada de nada. Cada intento acaba en fracaso.
¿Todos tenemos razón?, ¿somos de veras tan razonables que mantenemos nuestras posturas sin paliativos ni argumentos discutibles?
Desde luego que no. Pero ante la postura de ella me ha dado la impresión de que el hecho de respetar es tarea insólitamente ardua.

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