Todo lo que no idealizo es quebradizo
Amé la tierra en que nací en las palabras de Federico, de Rafael, del complejo Vicente.
Encontré amor en la historia de Platero. Un amor que va más allá del ser humano.
Amé la tierra en que nací en los ojos profundos de la Piconera, en la sabiduría de don Miguel de Unamuno, en la justa crítica del Pobrecito Hablador-(el rebelde Larra).
Amé la tierra en que nací en la fina ironía de Quevedo, en la bendita locura de Don Alonso y su fiel servidor Sancho.
Amé la tierra en que nací en las palabras y gestos de hermandad de muchos poetas y literatos.
Amé la tierra en que nací en la gente esforzada, sacrificada en el silencio impuesto por el arrogante vencedor.
Amé las manos de aquellas gentes endurecidas por el trabajo en una tierra que nada les devolvía sino a otros. Amé sus adioses de la tierra que a pesar de todo seguían amando.
Amé su abnegación en la humillación, amé su generosa hospitalidad, su denodada lucha por vivir con toda la dignidad que les era negada.
Amé aquellas gentes sin maquillar por el corrupto bienestar.
Sí, amé la tierra en que nací y a aquellas sus gentes que cantaban su dolor y lloraban en su alegría.
Amé sus "buenos días nos de dios" a conocidos y desconocidos.
Amé a aquella tierra que me vió nacer y que no encuentro hoy.
Encontré amor en la historia de Platero. Un amor que va más allá del ser humano.
Amé la tierra en que nací en los ojos profundos de la Piconera, en la sabiduría de don Miguel de Unamuno, en la justa crítica del Pobrecito Hablador-(el rebelde Larra).
Amé la tierra en que nací en la fina ironía de Quevedo, en la bendita locura de Don Alonso y su fiel servidor Sancho.
Amé la tierra en que nací en las palabras y gestos de hermandad de muchos poetas y literatos.
Amé la tierra en que nací en la gente esforzada, sacrificada en el silencio impuesto por el arrogante vencedor.
Amé las manos de aquellas gentes endurecidas por el trabajo en una tierra que nada les devolvía sino a otros. Amé sus adioses de la tierra que a pesar de todo seguían amando.
Amé su abnegación en la humillación, amé su generosa hospitalidad, su denodada lucha por vivir con toda la dignidad que les era negada.
Amé aquellas gentes sin maquillar por el corrupto bienestar.
Sí, amé la tierra en que nací y a aquellas sus gentes que cantaban su dolor y lloraban en su alegría.
Amé sus "buenos días nos de dios" a conocidos y desconocidos.
Amé a aquella tierra que me vió nacer y que no encuentro hoy.
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