Pasadas las fiestas

Nada hay que decir.
La tristeza lo invade todo.
Los reyes más ansiados
trajeron nada y más nada.
Dichoso hubiese sido
de recibir carbón.
La nada se abatió sobre mi alma.
Un silencio estridente
sobre mi ánimo hundió su espada.
El cielo azul
no me acoge
Mi ceguera amplia, poderosa
oculta lo bello.
¡Tristeza, cuán grande eres!

Comentarios

Entradas populares