Esos sueños que...

Está claro que los sueños son fruto de nuestras vivencias. Algunos vienen con un hermoso disfraz puesto y no reconocemos su sentido. Otros son premonitorios. Al menos yo los he tenido. Otros son producto de una omisión. Los motivos de la omisión son tantos que prefiero no entrar en ello.
En el sueño tan feliz, en el que  la pasada noche me hubiera gustado demorarme y no pude porque el despertador, con su estridente sonido, me arrancó de él, por ejemplo, venía de una conversación (entrecortada por muchos contertulios) que sosteníamos hace unos dias.
En ella la frase que destacó fue aquella de que no hay que esperar nada para sentirse mejor, entre otras, con la familia. ¡Ay, del dichoso "la"! Y continuó, desde que no tengo expectativas vivo más sosegado.
En éste sueño, estaba en apuros. Alguien, desconocido, guapo, atento, cortés y generoso, me dio la mano, y, cogiendo la mía con fuerza, me sacó del peligro en el que me encontraba.
La niebla de aquellas otras frases,contra las que no me fue posible argumentar, se disiparon.
En un soliloquio de los muchos que pueblan este coco -decir cabeza sería demasiado- mis argumentos sonaban así: si es necesario tener expectativas en todo lo que a lo social, políticamente y humanamente es imprescindible para avanzar, cómo es posible que con respecto a la intsitución familiar sea mejor no esperar nada. Si no lo entiendo mal, La Familia es la principal base, el pilar primero de toda sociedad.
¿Entonces?
Pero, querida, ¿cómo es posible que dejes atrás en tu argumentación, la humana contradicción!
Bueno, creo que el desconocido, me mostró con hechos, que la humana condición se contradice para el bien en general y, en el caso que nos ocupa, para mi sueño en particular.

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