No es de extrañar

No sé como ha caído en mis manos un viejo cuardenito de notas cuya primera página rezaba así:

22 de Julio de 2008.
Frente al mar.  Un encuentro al cabo de varios meses.
Una caña helada me acompaña en la espera de ese cálido y ansíadisimo abrazo inmediato de la amiga que, ya cumple la friolera de trece años de amistad en esta mi vida. No añado vacía, aunque sea muy literario, porque nunca ha estado vacía la vida mía. La vida se llena en si misma.
Mientras espero, leo la última carta de Inma. Muy de Inma. Nunca sabe porque acontecen las respuestas a sus actitudes- Se duele de ellas nada más. Necesita que se lo expliquen todo detalladamente. Como si ella misma no formara parte de sus actos.
Se va haciendo larga la espera.
Sigo escribiendo mis pensamientos sobre la carta de Inma.
Cuando acaece algo que ella no espera, se lamenta. El mundo es el culpable, o la amiga, o la persona que, en ese momento se relacione con el acontecimiento en marcha. (Ella siempre virgen).
Si alguien emplea la veracidad, malo.
Adora los mimos. ¿Y quién no? Pero los mimos no se merecen siempre.
Inma no acepta perder en el juego, ni acepta que no se esté de acuerdo con ella en todo y por todo.
¡Ayyyy, Inma! ¿Qué podemos hacer contigo?, si aún no sabes que eres responsable de tus actos, ¿cómo decírtelo sin herirte?.
Tu carta, una vez más, responde con lamentos. Por supuesto la culpa es del otro, de la otra. Mía en este caso.
Comprendo que esperes ayuda del modo en que tú deseas, y de quién tú deseas recibirla. Cosa que ya deberías saber que es imposible. Si esto te dijera, ya habríamos derrumbado los palos del sombrajo,
querida. Ni la mejor  de las intenciones darían  resultado, si no estamos dispuestos a verlas  y evaluarlas en su medida.
Madre mía, esto se ha poblado de gente y yo absorta. La perla rubia como siempre tarde.
 Algún día...
¡Camarero!
Justa la espuma, justa la copa, justo el frío.
Siguiendo con tu carta dices:" yo creía que tú estabas de mi parte incondicionalmente".
¿Qué te hace pensar en la incondicionalidad de los demás tan ligeramente?- Me pregunto.
Demasiado onírico, hasta para mí que, creí  en algo parecido en algún momento de mi vida.
De ahí a usar exabruptos y pensar  en que la incondicionalidad no se sienta afectada... es de dibujos animados. Los perros nunca hablarán el lenguaje de los seres humanos. Es la estrechez de la mente humana la que fantasea con tales cosas...
¿Es eso quizás, lo que tú de mi esperas?.
Bien, querida, de momento, tengo otras cosas que observar frente al mar. En este lugar de la costa,  que se ha poblado de gentes dignas de ser observadas mientras espero. Por ejemplo, la cantidad de explicaciones que algunos de los clientes le dan al camarero. ¡Bares, qué lugares!,  como decía la canción. O ¿entonces aún no estaba de moda?, la canción digo. Otros en cambio, ni le miran a la cara para hacer su pedido. ¡Humanos!, qué poco humanos nos mostramos a veces.
Uno de los que ocupan la mesa de al lado, le explica al camarero cómo y porqué se van a repartir lo solicitado. El joven que los atiende mira hacia el frente como diciéndose, y ami qué me cuentas, mientras otro viejo camarero atiende solicito la larga perorata de un cliente solitario. <El demonio no sabe por demonio si no por viejo>.<Claro que también puede ser que cuando nos eupericemos, toda esta cercanía sea pasto del diablo por diablo>.
Ha llegado una familia. Y digo familia porque lo gritan: abuelo, papá, mamá, hijos. Se hacen notar, vaya. Han unido varias mesas a base de arrastrar, empujar y otras delicadas formas. Esas diez personas o más que, por su delicadeza se asemejan a un batallón de combate. Y a pesar de su apariencia, vestimenta y cuidado personal, su compostura deja mucho que desear.
Estoy convencida de que si se tratasen de inmigrantes o gitanos el público de la terraza los hubiera llenado de miradas reprobatorias. En lo que a mi concierne, estoy tratando de contemplarlo del lado del humor. de no verlo así, me levantaría y les llamaría a respetar al resto, pero no lo hago. Sería un interminable ir y venir porque hay un camarero, algo más allá, limpiando un toldo y deja caer todo el polvo sobre los alimentos y bebidas de otras mesas y al que incriminé por ello. Ahora esta familia de...
¿A que has venido? -me pregunto. Y la espera se va haciendo, más que pesada, insostenible. Estoy por abandonar.
En la terraza al lado del mar no todo es oro y sol lo que reluce. Y es que no es de extrañar que sea así porque donde se reunan muchos seres humanos, pues....





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