Aquel cuerpo pesaba como una losa. Era mi propio cuerpo. Doblé las rodillas para, de ese modo, aligerarlo.
Seguía pesado, duro, envarado. Tumbado y duro, como si estuviera muerto.
Aquella rigidez en los miembros... ¿Soñaba quizás?
Comencé a palparme, no queriendo creer que era yo misma la que yacía rígida y dura como una piedra sobre mi cama. No veía mi rostro, no lo sentía; como no sentía vida alguna en aquella carne apretada y yerma.
Seguía pesado, duro, envarado. Tumbado y duro, como si estuviera muerto.
Aquella rigidez en los miembros... ¿Soñaba quizás?
Comencé a palparme, no queriendo creer que era yo misma la que yacía rígida y dura como una piedra sobre mi cama. No veía mi rostro, no lo sentía; como no sentía vida alguna en aquella carne apretada y yerma.
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