El error

El viento sopló toda la noche. Y sus pasos, susurrantes ahora y amenazantes segundos después hacían sonar lo que encontraba a su paso. El pañolear del toldo, el tableteo del plato, el siseo entre las ramas, su silbo sibilino calle abajo...Todo daba fe de su inquieta presencia.
Mientras, en su cabeza sonaban las estúpidas frases que había escrito por la mañana, tan deshilachadas y 
carentes de sentido y de vida misma y que había borrado avergonzada de lo que las había provocado y de su posterior laxa, e incoherente,ya abotargada descripción.
Había plasmado todo su vacío en aquellas palabras. Toda su desgana en aquel comportarse que la enojaba con ella misma y su descontrolado modo de actuar.
Todo el día había sentido aquella desazón arañando en su interior. Ahora el viento no hacía sino repetir de algún modo, su pesadumbre. Y de extraña manera, encontraba en el repetir de los sonidos nocturnos su propia redención.

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