Una de tantas

Su voz sonaba como un adagio. A medida que hablaba su voz se hizo toda una sinfonía.
Una sinfonía vital. Del adagio, pasó a la vivace y de éste al crescento para concluir con un allegro.
Arrojó de sí toda una vida con todo lo que ella conlleva. Y concluyó:
                                         muchacha, te ha tocado a tí escucharme.

Comentarios

Entradas populares