De los favores

Los favores se pagan, o al menos así reza el dicho. Y hay mucho de razón en ello.
No negaré que a veces he pagado la generosidad muy cara porque se confunde hacer un favor con un favor de vuelta. Ya recuerdo: favor con favor se paga. ¿O era el amor?
Pero insisto; los favores salen caros. Y no precisamente se pagan con dinero, sino con sentimientos heridos.
He buscado como protegerse del daño que causan terceros. He buscado incluso en psicopatías. No, no estoy enferma de cuidado, sólo que mi corazón se deja herir con excesiva facilidad y no sé como protegerlo.
Me viene a la cabeza aquél verso de la canción: que van a saber las piedras de amores. 
Las obras superan a sus artistas. Hay ejemplos por doquier. Alguien puede ser exquisito con los objetos y carecer absolutamente de tacto para con los seres humanos.
Ayer lo volví a vivir con una hermana que por cierto no ha tenido el gesto de felicitarme al menos por días en los que parece que la sensibilidad esté más a flor de piel. Pero supongo que habrá que poseer sensibilidad para exhibirla.

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