El papel del pasado

En busca de la certeza vamos caminando por la vida algo desamparados y más llenos de dudas que de certidumbres.
Decimos que lo que importa es el presente y no seré yo la que ponga trabas a esa verdad tan incierta como que qué sería de nosotros sin pasado, sin memoria, sin historia. Claro que de esto te vas dando cuenta a medida que envejeces.
"No vas tu por el río, es el río el que anda".
El tiempo no sabe de nada, nosotros somos los que pasamos.
En la vejez, a qué negarlo, se nos presenta el pasado con una luz que reconocemos nuestra pero con una nueva claridad. Mucho más
matizada. Y vemos que no siempre estuvo tan luminosa como lo está ahora. Porque nuestras certezas no son tal y como las considerábamos en nuestra juventud. No eran  tan rotundas, ni tan clarividentes como creíamos. La que era clarividente en verdad era nuestra inocente osadía.
Creíamos saber más que nadie y atenernos a los designios de los viejos era un reto a combatir. Y era nuestra obligación natural. Aunque eso, lo ignorábamos. Y así lo cumplirán los que nos seguirán.

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