Lo caminos inescrutables de la historia
Cuando los Don Nadie - como decía mi muy admirado Don Eduardo Galeano - amamos, ninguna obra escrita, sublimiza nuestro amor. Ni cuando sufrimos aparecen escritas nuestras tragedias humanas como en las obras literarias shequesperianas o griegas.
Nada en la vida de los Don Nadie es destacable. Pero amamos y padecemos con idéntica intensidad. Tal y como las sufren los personajes históricos y literarios.
¿Qué nos hace diferentes? ¡La invisibilidad!
Somos humo a pesar de que somos millones.
No se nos considera uno a uno, sino uno más entre los invisibles.
La historia destaca siempre a los mismos desde que tengo memoria.
Señala y nombra a aquellos que, especialmente nos hicieron sufrir.
Algunos yacen en lugares designados a los que murieron luchando aunque se sepa que murieron en sus mullidos lechos, mientras otros, también muertos luchando, andan enterrados en algún lugar ignoto.
También la historia omite a los que desperdigados, vete a saber donde, arden en los corazones de los que los aman, aún más por el sencillo hecho de que los rememorados en las páginas de la "historia" precisamente contribuyen con más ahínco si cabe a pensar en ellos.
Justo en estos días, pasean a un hombre por todos los rincones de un país llamado Iberia, Hispania, España y adjetivado "la piel de toro".
Es inimaginable pensar en pasear a todos los crucificados que hubo. Así que se aplica eso de "para muestra con un botón basta".
Ese alguien admirable-como iba diciendo- sería de nuevo asesinado, si protestara-cosa que haría con toda seguridad-contra el impúdico negocio que se hace con él y en su nombre y en contra de sus ideas tan opuestas por lo demás a lo que él pensaba y quiso transmitir.
Cuando alguien es justo la historia se encarga de desfigurarlo. Y en esas estamos estos días.
Nada en la vida de los Don Nadie es destacable. Pero amamos y padecemos con idéntica intensidad. Tal y como las sufren los personajes históricos y literarios.
¿Qué nos hace diferentes? ¡La invisibilidad!
Somos humo a pesar de que somos millones.
No se nos considera uno a uno, sino uno más entre los invisibles.
La historia destaca siempre a los mismos desde que tengo memoria.
Señala y nombra a aquellos que, especialmente nos hicieron sufrir.
Algunos yacen en lugares designados a los que murieron luchando aunque se sepa que murieron en sus mullidos lechos, mientras otros, también muertos luchando, andan enterrados en algún lugar ignoto.
También la historia omite a los que desperdigados, vete a saber donde, arden en los corazones de los que los aman, aún más por el sencillo hecho de que los rememorados en las páginas de la "historia" precisamente contribuyen con más ahínco si cabe a pensar en ellos.
Justo en estos días, pasean a un hombre por todos los rincones de un país llamado Iberia, Hispania, España y adjetivado "la piel de toro".
Es inimaginable pensar en pasear a todos los crucificados que hubo. Así que se aplica eso de "para muestra con un botón basta".
Ese alguien admirable-como iba diciendo- sería de nuevo asesinado, si protestara-cosa que haría con toda seguridad-contra el impúdico negocio que se hace con él y en su nombre y en contra de sus ideas tan opuestas por lo demás a lo que él pensaba y quiso transmitir.
Cuando alguien es justo la historia se encarga de desfigurarlo. Y en esas estamos estos días.
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