Las tribulaciones de una señora de 71 años
Vino un amigo a casa. Hablamos de mil cosas. Entre otras de algún tema sobre empresas de todo tipo. Seguros, bancos, telefonía móvil, entre otras.
¿Tú no compras por Internet?- preguntó.
-Ya no.
-¿Y eso?, por Internet se compra más barato.
-Ya pero el banco con el que trabajo exige algo que no me gusta hacer.
-Pero hoy no hay otra cosa. Tenemos que hacer las cosas como están estipuladas.
-¡Pues yo no quiero hacerlas así!
Se hace el silencio. Un silencio que dice más que miles de palabras.
-Bueno, amigo. Me queda poco y no voy a entrar en un juego impuesto. Siendo además un juego en el sólo ganan ellos.
-En eso tienes razón.
Vuelve el silencio.
Ésta vez es definitivo.
Mi mente ha despertado y monologa en un soliloquio tal vez tonto:
mientras quede uno que permita, ellos tendrán su oportunidad.
Nada cambiará.
¿Tú no compras por Internet?- preguntó.
-Ya no.
-¿Y eso?, por Internet se compra más barato.
-Ya pero el banco con el que trabajo exige algo que no me gusta hacer.
-Pero hoy no hay otra cosa. Tenemos que hacer las cosas como están estipuladas.
-¡Pues yo no quiero hacerlas así!
Se hace el silencio. Un silencio que dice más que miles de palabras.
-Bueno, amigo. Me queda poco y no voy a entrar en un juego impuesto. Siendo además un juego en el sólo ganan ellos.
-En eso tienes razón.
Vuelve el silencio.
Ésta vez es definitivo.
Mi mente ha despertado y monologa en un soliloquio tal vez tonto:
mientras quede uno que permita, ellos tendrán su oportunidad.
Nada cambiará.
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