¿Como lo titulo...?
Fuera ya del banco, me dirijo a la farmacia. Olvidé algo el otro día. Saludo, hablamos Cris. Yoly y otra chica cuyo nombre desconozco. Bueno, más que hablar son pequeñas muestras de simpatía envueltas en frases. Están trabajando. Pero les da tiempo a decirme lo que les gusta hacer fuera del trabajo. Llega una cuarta. Viene monísima de la muerte con un pañuelo primorosamente trenzado entre el cabello. Es muy linda. Creo que me dijo que era de un país...Vaya, he olvidado de donde. Una de ellas dice ante mi exclamación de admiración: para eso hay que tener tiempo. Y le digo, y arte pá llevarlo y hacerlo. Es verdad, me dice solidarizándose con mi manifestación.
Me tengo que marchar aunque estoy a gusto con ellas, pero ya lo dije: están trabajando.
Son siempre tan amables, tan simpáticas que le alegran a cualquiera el rato que se comparte con ellas.
Es tan temprano aún...No apetezco ir a casa. Me siento en un café junto al mar y aunque ya he tomado uno en casa, me digo un día es un día.
Los únicos ocupantes del café se levantan y se marchan con un buenos días. Entra una señora. Me hubiese gustado ofrecerle el asiento vacío, pero ya lo hice en alguna ocasión con resultados apagados. De lejos intercambiamos pequeñas frases que no dicen nada.
Me despido educadamente. Suelo pagar en cuanto sirven, para no tener que esperar y liberar tanto al camarero como a mi de la libertad de marcharme cuando apetezca. Se lo digo, lo entiende y se sonríe. Me largo pues a la mesa de fuera y en cuanto me canso de estar allí.
Veo tiendas abiertas y me voy a saludar a mi amiga Lola. También trabaja. Se alegra de verme asomar. Vengo a que arreglemos el mundo un ratico. Nos sonreímos las dos y nos damos un buen abrazo.
Chica, que deshumanización. Nos están arañando las relaciones del tú a tú. Y que lo digas, responde. Nos ensalzamos entre cliente y cliente en una larguísima charla. Alguna clienta se queda enganchada. Una en especial saca el tema de las violaciones y las muertes de chiquillas y trata de decir que saben a lo que exponen.
Me subo a la parra. O es mi voz la que lo hace. El caso es que la mujer acaba diciendo que no ha sabido explicarse. Pido perdón por mi exaltación. Lola me ayuda en un tono más relajado, pero pensando lo mismo que yo.
También pido perdón a Lola. Es su tienda, son sus clientes, pero me dice: no te preocupes, es bueno abrirle los ojos a quién los tiene cerrados. Agradezco sus palabras tanto, tanto. Porque sé que ante algunos temas mi pasión se dispara como una botella de champán al ser abierta.
Y entonces llegó una señora menuda y viejita, viejita y....¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Con una mirada y una sonrisa de par en par que...
Pero no quiero alargarme y tendréis que esperar.
¡Hasta luego Lucas!
Me tengo que marchar aunque estoy a gusto con ellas, pero ya lo dije: están trabajando.
Son siempre tan amables, tan simpáticas que le alegran a cualquiera el rato que se comparte con ellas.
Es tan temprano aún...No apetezco ir a casa. Me siento en un café junto al mar y aunque ya he tomado uno en casa, me digo un día es un día.
Los únicos ocupantes del café se levantan y se marchan con un buenos días. Entra una señora. Me hubiese gustado ofrecerle el asiento vacío, pero ya lo hice en alguna ocasión con resultados apagados. De lejos intercambiamos pequeñas frases que no dicen nada.
Me despido educadamente. Suelo pagar en cuanto sirven, para no tener que esperar y liberar tanto al camarero como a mi de la libertad de marcharme cuando apetezca. Se lo digo, lo entiende y se sonríe. Me largo pues a la mesa de fuera y en cuanto me canso de estar allí.
Veo tiendas abiertas y me voy a saludar a mi amiga Lola. También trabaja. Se alegra de verme asomar. Vengo a que arreglemos el mundo un ratico. Nos sonreímos las dos y nos damos un buen abrazo.
Chica, que deshumanización. Nos están arañando las relaciones del tú a tú. Y que lo digas, responde. Nos ensalzamos entre cliente y cliente en una larguísima charla. Alguna clienta se queda enganchada. Una en especial saca el tema de las violaciones y las muertes de chiquillas y trata de decir que saben a lo que exponen.
Me subo a la parra. O es mi voz la que lo hace. El caso es que la mujer acaba diciendo que no ha sabido explicarse. Pido perdón por mi exaltación. Lola me ayuda en un tono más relajado, pero pensando lo mismo que yo.
También pido perdón a Lola. Es su tienda, son sus clientes, pero me dice: no te preocupes, es bueno abrirle los ojos a quién los tiene cerrados. Agradezco sus palabras tanto, tanto. Porque sé que ante algunos temas mi pasión se dispara como una botella de champán al ser abierta.
Y entonces llegó una señora menuda y viejita, viejita y....¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Con una mirada y una sonrisa de par en par que...
Pero no quiero alargarme y tendréis que esperar.
¡Hasta luego Lucas!
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