Día 12

Por la mañana temprano, un barco de velas blancas pasea entre las azules aguas. Mientras, un aleteo de palomas cual crótalos me despierta.
Invento pañuelos para saludar de lejos a invisibles viajeros.
La cal cegadora estalla bajo los rayos de un sol recién nacido, desnudo de sus vestidos de noche.
Espejean los cristales inundados de luz.
En la colina, la casa solariega, aguarda paciente el verano y con él, a sus huespedes.
Juegan las golondrinas al pilla-pilla, trayendo con ellas versos olvidados.
Becker, renacido las contempla feliz.

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