De Excusión

Decía Saki, ese escritor escocés con su peculiar humor que la conversación que sostenía la tía y sus tres sobrinos se limitaba a decir no por parte por parte  de la tía y al ¿por qué? de los niños.
Me pongo en el lugar del que asiste a tales "conversaciones" ( se dan por doquier entre padres e hijos, abuelos y nietos, tías y niños, tíos y niños...adultos y niños en general) que es fácil perder la paciencia o implicarte si se te permite y dar respuestas. Casi nunca se te permite. Y así no te queda otra que soportar casos en un bar, en el autobús o en otras ocasiones,  sin decir esta boca es mía.
Por activa y por pasiva oigo: tú no eres madre. Claro. Eso es que soy tan tonta como tontos ves tú a tus hijos. Porque sé que los niños saben lo que quieren y cómo conseguirlo ante la desesperación de los adultos. Mientras nosotros, los sabios adultos, no tenemos ni pajolera idea de lo qué queremos y como lograrlo,  sin dudar en llorar o  armar la pataleta, hacer gracietas o pucheros y reír a mandíbula batiente.
No, los sabios adultos no sabemos hacer esas cosas por mor de hacernos con lo que sea. Ellos, los torpes niños lo saben de maravilla.
Pero que le vamos a hacer.
Como no soy madre, me torean poco. Y cuando estoy a solas con ellos nos divertimos a rabiar.
¿Por qué será?

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