Rebobinando sin querer
Sí. De chica yo soñaba con hacer poemas. Como todos los niños.
Aquél candor con el que alzaba el vuelo y ensoñada me enredaba, con los ojos muy abiertos en rimas no pronunciadas en alta voz.
Aquellas veces, el dolor desaparecía por arte de magia porque me envolvía en las vainas de dulces rimas de algún verso.
Miraba la fuente y el agua se iba fijando en las retinas del alma, sin saberlo hasta mucho tiempo después.
La cadencia del agua en los caños, cuando corría libre, su brío no retenido sonaba salvaje.
Suave en la fuente frente a la casa. Enorme bellota cubierta de musgo. Acallaba el canto del agua.
Cuando la memoria retorna, se vive de nuevo aquello que latía acompasado en algún lugar del alma.
Y con el agua, el árbol de flores blancas y su aroma de azahar. Casi me embriaga en esta tarde estival, alborotada por páginas y decires de conocidas y no tan conocidas niñas de ayer.
Sí. De chica yo, soñaba con hacer poemas.
Y ahora veo que "genio -omito lo de figura- hasta la sepultura".

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