A quién le toque le tocó.


A QUIÉN LE TOQUE LE TOCÓ
La tarde se encaminaba a su fin entre nubes amarillas y rojos ensangrentados.
Me decidí a telefonear a la que había sido mi compañera de habitación y saber si ya había sido operada. No respondió. Así que telefoneé a Dayana. La chica de compañía nocturna.
Lo que me dijo me hizo pensar mucho y, dicho sea de
paso, no muy bien de mí misma, aunque me excusé con que a cada guarro le llega su San Martín.
Sus visitas, las de la compañera de habitación, no habían mostrado respeto alguno alguno ante mis estados de ánimo. Ni siquiera si yo deseaba dormir o estar en silencio, si tenía necesidad alguna de descanso. Rizando el rizo cuando pude levantarme y hube de sentarme en mi cama mientras ellos ocupaba los sillones para las visitas, que dicho sea de paso correspondian a uno por paciente.
Invadían la habitación a primera hora sin consideración alguna.
Y mira como es la vida que, la han trasladado con una enferma cuya familia no les permite en modo alguno telefonear, ni hablar, ni hacer ruido alguno.
Naturalmente continúan quejándose, ésta vez quizás razonablemente, pero no puedo dejar de pensar que los hados están haciendo de las suyas, a la par que
en mi interior se fragua una pequeña sensación de maligna satisfacción con una leve mezcla de compasión.
¿Cuándo seremos conscientes de nuestras limitaciones?

Comentarios

Entradas populares