Despertares

Hace días que mi despertar trae nombre de mujer. En concreto de las mujeres de mi familia.
Cada una de ellas merece un homenaje. Seres peculiares con vidas peculiares. Aún siendo alguna que otra madre de familia nada más. Y NADA MENOS.
Sí, sería muy largo de contar. Y en esas peculiares historias, merece especial mención la tía abuela Dolores. Mujer cuyo cuerpo y existencia se vio mermada por la cogida de un carro que la dejó coja...¡y qué cojera! La pierna afectada se la dobló de tal modo desde la cadera que la tenía encogida hasta algo más abajo de la cintura. Las cicatrices eran atroces. Las niñas le pedíamos que no las mostrara y lo hacía. El espanto y la compasión ( y con el tiempo comprendí yo, que algo de morbo también, se filtraba en mí sin ser consciente de ello). Esa cojera la hacía más querida aún por mí que a su hermana, mi abuela, con la que vivía y a decir verdad, de vez en vez aguantaba.
De tía Dolores recuerdo aquella oración que nunca pude olvidar:
Por un caminito abierto/nunca lo vi yo cerrado/por allí pasó la virgen/vestida de colorado/El vestido que llevaba/siempre lo lleva manchado/se lo manchó Jesucristo/ con la sangre del costado.
También la tía Dolores me corregía cuando decía bonico. <No se dice bonico, se dice bonito>
La tía Dolores había sido maestra. Una maestra de aquellas de las que nosotros entre risas le cantábamos: La maestra ciruela que no sabía leer pero tenía una escuela.
Dicen que la abuela y ella venían de gente de postín, pero que un pariente vividor gastó toda su fortuna en viajes y... Lo cierto que en casa de los abuelos colgaban cuadros y otros objetos entre otros, y varios muebles y jarrones, relojes y obras de arte preciosos, pero a mí en especial me volvía loca uno que ocupaba en el frente del comedor entre dos hermosos balcones. Decían que era la mismísima Pawlova. Ignoro si era o no verdad, pero lo que sé es que me fascinaba la sutileza de aquella bailarina y los lenes colores del cuadro
Sí. la día Dolores siempre ocupó un "cachito" grande grande en mi corazón.
Y hoy el despertar me trajo su imagen menuda, arrugada y encogida sobre su muleta de madera.



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