Somos
Y mientras, en la fría y desolada madrugada, el viento abatía castigador todo lo que encontraba a su paso, aquél castillo flotante de luces, navegaba erguido e indiferente la bahía de aguas negras sin ver ni sentir fuera de sus dominios.
Le vio pasar. Lo que pensó, lo guardó en su fuero interno y echó la llave. Al fin y al cabo ya no cabía asombro alguno ante la condición humana, aunque repitiese hasta la saciedad y de mil formas distintas que se asombraba.
Le vio pasar. Lo que pensó, lo guardó en su fuero interno y echó la llave. Al fin y al cabo ya no cabía asombro alguno ante la condición humana, aunque repitiese hasta la saciedad y de mil formas distintas que se asombraba.
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