Barcelona
Paseaba, al cabo de los años, por aquella hermosa ciudad de nuevo, maravillándome a cada paso que daba deBarcelona
Paseaba, al cabo de los años, por aquella hermosa ciudad de nuevo, maravillándome a cada paso que daba de su hermosura. La catedral, de muros casi blancos con bellas torres semejantes a una selva arbolada arrebatabanme la vista y la mente de belleza y misticismo
Ensimismada como estaba, no me di cuenta de que la puesta de sol se había ido abriendo paso. Miré en derredor. Magnificos monumentos torneados de cobrizos y oscuros dorados se multiplicaban a mi derredor. Creí estar en un cuadro de Gustav Klimt.
Un vago temor se apoderó de mí. Deseché la idea ante semejante esplendor de arte y hermosura. Cuando quise darme cuenta, la ciudad se había vaciado de gente. Pero en realidad, no había observado ni un alma durante todo el tiempo que había pasado entre aquellos edificios de inmensurable belleza.
No, no había tropezado ni un alma.
Entonces, quise despertar de aquél sueño que de repente se había tornado oscuro. su hermosura. La catedral, de muros casi blancos con bellas torres semejantes a una selva arbolada arrebatábanme la vista y la mente de belleza y misticismo
Ensimismada como estaba, no me di cuenta de que la puesta de sol se había ido abriendo paso. Miré en derredor. Magnificos monumentos torneados de cobrizos y oscuros dorados se multiplicaban a mi derredor.
Un vago temor se apoderó de mí. Deseché la idea ante semejante esplendor de arte y hermosura. Cuando quise darme cuenta, la ciudad se había vaciado de gente. Pero en realidad, no había observado ni un alma durante todo el tiempo que había pasado entre aquellos edificios de inmensurable belleza.
No, no había tropezado ni un alma.
Entonces, quise despertar de aquél sueño que de repente se había tornado oscuro.
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