El Rato
Por lo inesperado, aquél abrazo tan sincero y sentido, le llevó, por un momento, a un mundo más humano.
Se sintió dichoso, y a partir de ahí, las horas se desarrollaron cálidas y alegres. En sintonía con los dos encuentros que algo después se operaron.
Hola
Hola
Sí, nos conocemos. Estabas justo ahí, de pie. Crudo, ya había terminado. Sí sí, Javier Gallego Crudo. Los libros que traía, se habían agotado, y tú compraste El Principito, para que estampara su firma...
¡Madre mía, qué memoría!
La charla se prolongó y se prolongó. Hablando de la canallada que el director de Siglo XXI le había hecho a Crudo, despidiéndolo mientras éste se hallaba de vacaciones.
A mi la verdad la música de Siglo XXI, no me interesa, pero, no se como decirlo, la cuña que expone los temas más variados, resulta increíblemente buena.
Estoy contigo. Ese cortísimo espacio es la bomba. Es lo único que merece la pena.
Y tú bla, bla, bla.
Y yo bla, bla, bla.
Y él
Y ella....
Y como dice la canción el reloj marcó las horas y hubo que despedirse.
El otro encuentro, que, expresamente " había olvidado", se fue sacando del baúl del desván lenta, pero agradablemente.
Merece la pena unirse a personas que, no dejan de ser personas.
Pero lo mejor de todo fueron los abrazos.
Así da gusto.
Se sintió dichoso, y a partir de ahí, las horas se desarrollaron cálidas y alegres. En sintonía con los dos encuentros que algo después se operaron.
Hola
Hola
Sí, nos conocemos. Estabas justo ahí, de pie. Crudo, ya había terminado. Sí sí, Javier Gallego Crudo. Los libros que traía, se habían agotado, y tú compraste El Principito, para que estampara su firma...
¡Madre mía, qué memoría!
La charla se prolongó y se prolongó. Hablando de la canallada que el director de Siglo XXI le había hecho a Crudo, despidiéndolo mientras éste se hallaba de vacaciones.
A mi la verdad la música de Siglo XXI, no me interesa, pero, no se como decirlo, la cuña que expone los temas más variados, resulta increíblemente buena.
Estoy contigo. Ese cortísimo espacio es la bomba. Es lo único que merece la pena.
Y tú bla, bla, bla.
Y yo bla, bla, bla.
Y él
Y ella....
Y como dice la canción el reloj marcó las horas y hubo que despedirse.
El otro encuentro, que, expresamente " había olvidado", se fue sacando del baúl del desván lenta, pero agradablemente.
Merece la pena unirse a personas que, no dejan de ser personas.
Pero lo mejor de todo fueron los abrazos.
Así da gusto.
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