Lluvia

Parecióme estar en algún paraiso, cuando un sonido de cascada de agua despertóme. Con los ojos enmarañados de sueño me dije aquello de, levántate Lázaro, sólo que empleando el nombre propio...
El cielo era una inmensa nube blanquecina. Caía el agua sin perdón. <Va a romper los tallos>. Salí a la ventana en cuya tarde había soportado los 27ºº y un aire de Terrá que no dejaba respirar a mis pobres bronquios, otrora fumadores. Y a pesar, echando algún que otro bailón.
Salí, empero, y aparté de aquella tromba de agua las macetas de tallos más débiles. ¡Cómo llovía, mare, cómo llovía !
Cortina sobre cortina. El canalón no aguantaba tanta agua, y ésta caía a borbotones sobre las losetas. ¡Menudo zapateado! Ya quisiera Sarasate...
Amainó tan pronto como había comenzado. Y ya estaba cayendo de nuevo en el sueño cuando, con nueva e inusitada fuerza, oí llover.
<Cuánta veleidad la tuya>. Le hablé al cielo. <No te extrañe pues, la veleidad humana>. A lo que me respondió: ¿quién te dijo que me asombre?
Me di la vuelta en el lecho, y me dormí.

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