No es un cuento.
Un silencio sepulcrar se extendía por todo aquél enorme espacio. El sol del amanecer, tibio aún, luchaba vanamente contra los pesados cortinajes que cubrían puertas y ventanas.
Los habitantes del gran ático se movían como sombras. Ni una palabra, ni un gesto, hacía pensar que aquellos seres estuvieran de veras vivos.
Un suave tintineo, se abrió paso a través de la penumbra. Uno de ellos se estremeció imperceptiblemente. Alzó la vista con una pregunta en los ojos enrojecidos de llanto, pero tropezó con la severa mirada del padre y volvió a bajar la cabeza apesadumbrada.
Precisamente ella tenía que ser. ¿ No le bastaba aún ?
Lentamente encaminó sus pasos hacia la corta escalera que dividía el oscuro salón, ocultándose tras una de las cortinas. Se oyó el suave sonido de una puerta al abrirse y desapareció como tragada por por algún ser monstruoso e invisible.
Nadie se movió, nadie habló, nadie hizo nada. Al cabo de unos interminables minutos, un aleteo, como el de un ave enorme que intenta en vano alzar el vuelo, se expandió en el silencio tenebroso de la intuida mañana. El golpe sordo de un cuerpo al chocar contra el suelo, pareció despertar a la vida a aquellos seres que, respiraron saturados. Como alimañas que hubieran recibido la ración de sangre que alimentara su cuerpos vacíos de humanidad.
Los habitantes del gran ático se movían como sombras. Ni una palabra, ni un gesto, hacía pensar que aquellos seres estuvieran de veras vivos.
Un suave tintineo, se abrió paso a través de la penumbra. Uno de ellos se estremeció imperceptiblemente. Alzó la vista con una pregunta en los ojos enrojecidos de llanto, pero tropezó con la severa mirada del padre y volvió a bajar la cabeza apesadumbrada.
Precisamente ella tenía que ser. ¿ No le bastaba aún ?
Lentamente encaminó sus pasos hacia la corta escalera que dividía el oscuro salón, ocultándose tras una de las cortinas. Se oyó el suave sonido de una puerta al abrirse y desapareció como tragada por por algún ser monstruoso e invisible.
Nadie se movió, nadie habló, nadie hizo nada. Al cabo de unos interminables minutos, un aleteo, como el de un ave enorme que intenta en vano alzar el vuelo, se expandió en el silencio tenebroso de la intuida mañana. El golpe sordo de un cuerpo al chocar contra el suelo, pareció despertar a la vida a aquellos seres que, respiraron saturados. Como alimañas que hubieran recibido la ración de sangre que alimentara su cuerpos vacíos de humanidad.
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