Nacosa
"Cuando, sale la monísima Patricia,
se arma, siempre un gran revuelo por doquier..."
Y recordé a Patricia. La hermosísima Patricia, que deseaba de veras ser la chica más linda de las fiestas.
Reina, lo fue, y con una enorme sonrisa, decía que, no se lo creía. Y ya estaba coronada y todo.
Patricia se perdió de vista. Con su madre y los demás hijos. Habían muerto las tías en cuyo piso pasaban las vacaciones de verano. Veranos hay que decir.
Tías y abuela, porque una de las tres hermanas era abuela de Patricia.
Yo las llamaba mis niñas. Eran tan divertidas...Nietas y nietos, sobrinas y sobrinos tenían a quién parecerse. Y se parecían, pese a...Pero esa es otra historia.
Uno de aquellos veranos las conocí, en una urbanización llamada Nacosa. Lass disfracé, las divertí y nos divertimos a pesar de que, en verdad, era amiga de su madre y ella no estaba muy bien de ánimo...Pero ya digo que éste es el momento de Patricia.
Nos seguimos viendo algunos años después. La niña de catorce años se había convertido en una bella mujer.
Seguía teniendo aquella sonrisa tan bella y divertida. Y qué temperamentales y frescas sus frases, sus actitudes. No le faltaba nada para ser la mujer más feliz del mundo.
Volvió el tiempo a correr como un potro desbocado y regresó a su Sevilla donde sólo nos quedó alguna que otra llamada telefónica.
Y corrieron unos años. Otra vez el tiempo yéndose de las manos, incontenible como un puñado de agua. Y así...recibí la noticia.
Patricia se había ido.
Tal vez, esta vida, no sea para los que sobreviven con una sonrisa eterna. Como la que ella llevaba puesta.
"Claro que la muchachita es una delicia, de esas que"...
se arma, siempre un gran revuelo por doquier..."
Y recordé a Patricia. La hermosísima Patricia, que deseaba de veras ser la chica más linda de las fiestas.
Reina, lo fue, y con una enorme sonrisa, decía que, no se lo creía. Y ya estaba coronada y todo.
Patricia se perdió de vista. Con su madre y los demás hijos. Habían muerto las tías en cuyo piso pasaban las vacaciones de verano. Veranos hay que decir.
Tías y abuela, porque una de las tres hermanas era abuela de Patricia.
Yo las llamaba mis niñas. Eran tan divertidas...Nietas y nietos, sobrinas y sobrinos tenían a quién parecerse. Y se parecían, pese a...Pero esa es otra historia.
Uno de aquellos veranos las conocí, en una urbanización llamada Nacosa. Lass disfracé, las divertí y nos divertimos a pesar de que, en verdad, era amiga de su madre y ella no estaba muy bien de ánimo...Pero ya digo que éste es el momento de Patricia.
Nos seguimos viendo algunos años después. La niña de catorce años se había convertido en una bella mujer.
Seguía teniendo aquella sonrisa tan bella y divertida. Y qué temperamentales y frescas sus frases, sus actitudes. No le faltaba nada para ser la mujer más feliz del mundo.
Volvió el tiempo a correr como un potro desbocado y regresó a su Sevilla donde sólo nos quedó alguna que otra llamada telefónica.
Y corrieron unos años. Otra vez el tiempo yéndose de las manos, incontenible como un puñado de agua. Y así...recibí la noticia.
Patricia se había ido.
Tal vez, esta vida, no sea para los que sobreviven con una sonrisa eterna. Como la que ella llevaba puesta.
"Claro que la muchachita es una delicia, de esas que"...
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