Charlas callejeras.
Sentada sobre un poyete de piedra, esperaba la llegada del taxi que había de devolverme a casa tras una agotadora mañana.
Llegó una pareja y mientra ella iba al supermercado cercano, él sentó a mi lado.
Si fue él o yo quién comenzó la conversación, lo he olvidado, o mejor, carece de importancia.
Contra mi determinación, el tema de la política se abrió paso.
En sus palabras y modo de hablar, había conocimiento profundo de las causas que habían determinado la subida de Vox al poder en Andalucía. En realidad lo hizo ante el deseo que yo expresé de confirmar o negar los motivos que yo alegaba. Pero fue más allá. Añadió algo más.
Comentamos anécdotas sobre Europa y alegó "somos europeos".
Le hable de mi matrimonio con "Richard Wagner" ya entre risas. Surgió "Isidoro" y el desencanto. También el suyo. La duda sobre votar y el derecho adquirido que tanto costó conseguir.,
Sí, el taxi no venía, pero su esposa sí. Nos presentamos, mejor dicho, me presenté. No respondieron al gesto.
Nos despedimos. Volví a insistir sobre el taxi.
Llegó uno conocido. (es fácil en un pueblo pequeño).
Pero lleva rato aquí, me dijo el taxista; he pasado por aquí y he visto sus señales, pero iba ocupado.
En fin que conversamos hasta que me dejó en casa.
Nunca se me seca la garganta si converso con la gente buena en vivo y en directo.
Llegó una pareja y mientra ella iba al supermercado cercano, él sentó a mi lado.
Si fue él o yo quién comenzó la conversación, lo he olvidado, o mejor, carece de importancia.
Contra mi determinación, el tema de la política se abrió paso.
En sus palabras y modo de hablar, había conocimiento profundo de las causas que habían determinado la subida de Vox al poder en Andalucía. En realidad lo hizo ante el deseo que yo expresé de confirmar o negar los motivos que yo alegaba. Pero fue más allá. Añadió algo más.
Comentamos anécdotas sobre Europa y alegó "somos europeos".
Le hable de mi matrimonio con "Richard Wagner" ya entre risas. Surgió "Isidoro" y el desencanto. También el suyo. La duda sobre votar y el derecho adquirido que tanto costó conseguir.,
Sí, el taxi no venía, pero su esposa sí. Nos presentamos, mejor dicho, me presenté. No respondieron al gesto.
Nos despedimos. Volví a insistir sobre el taxi.
Llegó uno conocido. (es fácil en un pueblo pequeño).
Pero lleva rato aquí, me dijo el taxista; he pasado por aquí y he visto sus señales, pero iba ocupado.
En fin que conversamos hasta que me dejó en casa.
Nunca se me seca la garganta si converso con la gente buena en vivo y en directo.
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